“Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no sirve de nada”, José Luis Sampedro

José Luis Sampedro Sáez (Barcelona, 1 de febrero de 1917 – Madrid, 8 de abril de 2013) fue un escritor, 1210351123_1humanista y economista español que abogó por una economía «más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos». En 2011 se le concedió el Premio Nacional de las Letras Españolas.

Escribió el prólogo a la breve obra de Stéphane Hessel  “¡Indignaos!”, donde encontramos frases como esta: “No se eliminan los paraísos fiscales ni se acometen reformas importantes del sistema. Los financieros apenas han soportado las consecuencias de sus desafueros. Es decir, el dinero y sus dueños tienen más poder que los gobiernos”. Si no supiéramos quien lo firma, podríamos pensar que ha salido de una asamblea del 15-M, en vez de haberla dicho alguien que nació 1917.

La personalidad del autor destaca por sus ideas progresistas sobre economía y, en general, sobre la organización y decurso de la sociedad. Afirma por ejemplo: “Los brutales atentados del 11-S en Nueva York y las desastrosas acciones emprendidas por Estados Unidos como respuesta a los mismos, están marcando el camino inverso. Un camino que en la primera década de este siglo XXI se está recorriendo a una velocidad alarmante”.

Es un autor muy conocido tanto por sus trabajos como economista como por sus novelas.

Su obra es bastante extensa; citaré sus novelas más conocidas:

La estatua de Adolfo Espejo (1939) -no publicada hasta 1994, La sombra de los días (1947) -no publicada hasta 1994, Congreso en Estocolmo (1952), El río que nos lleva (1961), El caballo desnudo (1970), Octubre, octubre (1981), La sonrisa etrusca (1985), La vieja sirena (1990) y Real Sitio (1993).

el mercado y la globalizacionTal vez la novela que le dio a conocer al gran público fue La sonrisa etrusca.  Pero no hay que olvidar alguna de sus obras de divulgación económica, como El mercado y la globalización, cuya portada es ya un resumen de su pensamiento. Citaré una frase de Sampedro sobre la obra mencionada: “Entonces a algunos les sonaron raras las afirmaciones de este viejo profesor —hubo quien, en su reseña, no dudó en echarme en cara la edad—, sin embargo, al releer estas líneas escritas tan sólo ocho años atrás, nombres como Madoff, Lehman Brothers, etc. acuden a la mente de cualquiera. Los entonces defensores de la desregulación financiera hoy señalan sin rubor sus errores afirmando que nadie podía prever la crisis”.

Para mí su obra más impresionante es La vieja sirena, que se enmarcó dentro de una trilogía aunque sin nexo de continuidad en el argumento (con Octubre, octubre y Real Sitio).

La vieja sirena es la pasión. Nunca nadie ha escrito y descrito la pasión como en esta obra. La trama se vieja-sirenadesarrolla en el siglo III, en  Egipto. Es una época convulsa de cambios en que dos imperios inician su decadencia, el persa y el romano.  La protagonista, envuelta en su belleza y misterio, recorrerá un apasionante itinerario hasta llegar a Alejandría, donde dos hombres marcarán su destino: Ahram el Navegante, hombre de acción sediento de poder, y el filósofo Krito, poseedor del don de la palabra.

El amor que se profesan los protagonistas no conoce límites, es una entrega total sin convencionalismos; lo que importa es la relación que mantienen los amantes, sin tapujos, sin explicaciones; lo único que les importa es el sentimiento y la pasión.

Es un libro que hay que leer sin excusas, os lo recomiendo vivamente; hay un antes y un después de haber leído La vieja sirena.

 Ana F

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