Los guiños de “El nombre de la rosa” de Umberto Eco

Umberto-ecoUmberto Eco (Alessandria, Piamonte, 1932) semiólogo y escritor italiano. Se doctoró en Filosofía en la Universidad de Turín. Su tesis versó sobre El problema estético en Santo Tomás, y su interés por la filosofía tomista y la cultura medieval se hace más o menos presente en toda su obra, hasta emerger de manera explícita en su novela El nombre de la rosa (1980). Desde 1971 ejerce su labor docente en la Universidad de Bolonia, donde ostenta la cátedra de Semiótica.

A parte de la gran cantidad de ensayos y obras sobre historia y semiótica, ha escrito varias novelas:
El nombre de la rosa, 1980
El péndulo de Foucault, 1988
La isla del día de antes, 1994
Baudolino, 2000
La misteriosa llama de la Reina Loana, 2004
El cementerio de Praga
, 2010

Trataremos la más famosa: El nombre de la rosa.

El argumento y los personajes

El porqué de la novela lo explica el propio autor: “Tenía ganas de envenenar a un monje.” Así confiesa Umberto Eco en este libro el afán homicida que le llevó a escribir El nombre de la rosa

Estamos en el siglo XIV, en una época en que se han formado dos bandos ideológicos dentro de la Iglesia: los Benedictinos apoyan al Papa, Juan XXII y los Franciscanos abogan por la pobreza y se está considerando su excomunión por herejes, por lo que buscan la alianza con el Emperador, Ludovico IV de Baviera, para contrarestar el poder papal.

el-nombre-de-la-rosa-umberto-eco-paperback-cover-artGuillermo de Baskerville es un fraile franciscano inglés que recibe el encargo de asistir a una reunión que tendrá lugar en una abadía benedictina situada en  los Apeninos de Luguria, donde se discutirá, con enviados del Papa, si se declara la herejía.

A su llegada, dada su fama de hombre perspicaz e inteligente, el abad le encarga investigar la extraña muerte de un monje para evitar el fracaso de la reunión. La descripción que hace la novela de Guillermo recuerda a Sherlock Holmes: «Su altura era superior a la de un hombre normal y, como era muy enjuto, parecía aún más alto. Su mirada era aguda y penetrante; la nariz afilada y un poco aguileña infundía a su rostro una expresión vigilante, salvo en los momentos de letargo a los que luego me referiré.» En cuanto al apellido Baskerville, remite también a la novela de Conan Doyle protagonizada por Sherlock Holmes, El sabueso de los Baskerville, otro referente señalado

En cuanto al bibliotecario mayor, Jorge de Burgos, el nombre del personaje es un homenaje reconocido a Jorge Luis Borges; Eco tenía en mente un ciego que custodiase la biblioteca, y comenta en Apostillas que «…biblioteca más ciego sólo puede dar Borges, también porque las deudas se pagan.”

El español Jorge de Burgos es un monje anciano y ciego, encorvado y «blanco como la nieve»; antiguo bibliotecario de la abadía, empeña su vida en ocultar un libro, el segundo libro de la Poética de Aristóteles, supuestamente dedicado a la comedia, la risa y el humor como efectivos transmisores de la verdad, alrededor del cual giran las muertes que se suceden en la abadía.

Otro guiño de la novela es el vínculo entre la trama de crímenes y el Apocalipsis. Para ello necesitaba zambullir a uno de los monjes muertos en una tina de sangre (al toque de la segunda trompeta el mar se convertirá en sangre). ¿Cómo hacer verosímil la presencia de una tina de sangre? La época de la matanza. Ahora bien, los cerdos se matan cuando hace frío y Eco no podía ir más allá de noviembre porque en diciembre del año elegido, 1327, uno de sus personajes (Michele da Cesena) se hallaba ya fuera de Italia, en Aviñón. ¿Solución? Instalar la abadía en una montaña, para que en noviembre haya ya nieve y frío suficientes como para proceder a la matanza; de ahí que la acción se situe en los Apeninos de Liguria.

En sus conocidas “apostillas”, Umberto Eco escribe que cuando la editorial se dirigió a él sugiriéndole que acortase las primeras 100 páginas porque entendía que exigían demasiado esfuerzo y dificultad, su respuesta fue un rotundo no. Les dijo que si alguien quería entrar en la abadía y vivir en ella siete días, tenía que aceptar ese ritmo, ya que si no lo lograba, nunca conseguiría leer todo el libro. De ahí la función de penitencia, de iniciación, que tienen las primeras 100 páginas. “Y si a alguien no le gusta, peor para él: se queda en la falda de la colina” –dijo.

Una regla de oro es no desvelar el final de las tramas. Así que habrá que leerla.

Pero no puedo acabar sin explicar otra anécdota, esta vez a raíz de Dan Brown.  Umberto Eco, preguntado sobre si seguía en pugna con Brown manifestó que se vio obligado a leer El código Da Vinci luego de las similitudes que la crítica hallaba entre la novela de Brown, de 2003, y El péndulo de Foucault, escrito en 1988. “Ese muchacho es un personaje de una novela mía. Es un personaje de El péndulo de Foucault. Así que debería pagarme algunos derechos“, manifestó tras leerla.

Ana F

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