Las leyendas urbanas de “La Codorniz” (la revista más audaz, para el lector más inteligente)

La revista La Codorniz fue fundada en 1941 por Miguel Mihura y sus primeros colaboradores en la revista de humor “La Ametralladora” (1937-1939). numeros-F201-199-56-469Pasaron por ella Tono, Neville, Herreros y Álvaro de Laiglesia, entre otros.  Más tarde se fueron incorporando escritores como Wenceslao Fernández Flórez, Enrique Jardiel Poncela y Ramón Gómez de la Serna. 

En la época en la que la revista estaba bajo la dirección de Álvaro de Laiglesia se incorporaron dibujantes como Mingote, Gila, Chumy Chúmez y escritores de humor satírico como Rafael Azcona, Ángel Palomino, Evaristo Acevedo y Alfonso Sánchez. Al mismo tiempo se crearon nuevas secciones que pronto se hicieron famosas: La Crítica de la Vida, La Cárcel y la Comisaría de Papel. Constituían un grupo de amigos y hacían un humor surrealista, absurdo y muy desconcertante para la época, que provocaba igual irritación que entusiasmo. 

Como se puede apreciar, en la Revista, trabajaban casi todos los escritores de humor de la época. En los años 60’ la leían personas de todas las tendencias políticas y celebraban sus chistes como una chirigota nacional. Tenía varias secciones fijas, como la Cárcel de Papel, en la que tomaban a un personaje, generalmente político, y le sacaban los colores reproduciendo los despropósitos que había dicho en los últimos tiempos.

No hay que olvidar que se publicaba en un tiempo en el que ni siquiera había censura previa; salía la edición y, si no gustaba a quien tenía que gustar, les secuestraban el número ya distribuido por los kioscos y les cerraban la edición por un tiempo.

Por todo ello, el contenido de la revista estaba lleno de sobreentendidos, de guiños y de sugerencias y propiciaba lo que pasó: lo que no decía “La Codorniz” se inventaba y se daba por publicado a base de boca-oreja.

Álvaro de Laiglesia (1922 – 1981) lo dejó escrito en su último libro “La Codorniz sin jaula” (Planeta, 1981): “muchas de las portadas y de los chistes que se atribuyen a La Codorniz son bulos y los desmentidos han menudeado siempre”. Pero la leyenda sigue, incombustible. He aquí un breve resumen de dichos bulos:

Frasco, frasco, frasco, arriba es piña.
Frasco, frasco, frasco, arriba es piña.

La existencia de una portada titulada “Frasco, frasco, frasco, arriba es piña”, de la que se dice que les secuestraron la edición y les cerraron la revista;  sigue la leyenda urbana diciendo que, para protestar por la censura, hicieron el número que figura a continuación.

La portada del túnel:  se veía la entrada de un túnel, por el que se disponía a entrar una locomotora; todas las páginas interiores de la revista estaban en negro, como si fuese la oscuridad del interior; y como contraportada, el tren saliendo del túnel.

La de Bombín es a bombón: de todas las portadas-bulo, seguramente la más famosa fue la de “Bombín es a bombón, como cojín es a equis. Y nos importan tres equis que nos cierren la edición”. Hay muchas personas que aseguran, incluso, tener un número de esta edición.

La portada del Fresco de Galicia: otro dibujo que la gente afirma haber visto. Un parte meteorológico en el que en destacado recuadro podía leerse: Reina un fresco general procedente de Galicia, referido al Dictador Franco.

La portada del Huevo-de-Colón: más célebre que las anteriores si cabe es, en el falso recuerdo popular, aquella que dicen que presentaba a toda página un gran huevo de gallina, con el rótulo “El huevo de Colón”. Y luego, más abajo, en letra pequeña: “La semana que viene publicaremos el otro”.  

El Título Invertido:  cuando a Francis, el hijo varón de los marqueses de Villaverde, le cambiaron el orden de los apellidos llamándole Franco Martínez en vez de Martínez Franco, La Codorniz apareció como Codorniz La”.

Esas portadas según el mismo Laiglesia nunca existieron en La Codorniz, pero la leyenda está tan arraigada que, hablando con mi madre (92 años) de este artículo, me aseguró ayer mismo haber visto “con sus propios ojos” ¡¡la portada de los frascos y la piña!!

Ana F. 

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3 comentarios

  1. Recuerdo perfectamente dos números secuestrados.

    El primero, por una historieta que empezaba con una viñeta con el dibujo de un campesino llamado López y su burro. Avanzan por la ladera de una montaña hasta que el burro cae y rueda. La última viñeta sentencia: “el burro de lópez rodó”, algo inadmisible en aquella época de gobierno de los lópeces del Opus.

    El segundo por ofensas al ejército al publicar un fragmento del Diccionario Secreto de Cela, aquel que dice:

    Un teniente de la escala de reserva
    con la polla abría latas de conserva,
    y un sargento del tabor de regulares
    con la picha hacía juegos malabares.
    El capitán de la misma compañía,
    por más que lo intentaba, no podía.
    Moraleja: en materia de cojones,
    la milicia no admite graduaciones.

    En aquella época el Diccionario Secreto se convirtió en un libro ilocalizable. No paré de buscarlo hasta que se publicó una reedición de Alianza Alfaguara en 1987. Gracias a La Codorniz y el misterio que generó con su secuestro, acabé aficionándome a la obra completa de Cela.

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