¿Conoces a Somerset Maugham? Viejuno y fascinante…

edi460William Somerset Maugham  (París25 de enero de 1874 – Niza16 de diciembre de 1965) Fue novelistadramaturgoensayistaespíaescritor de cuentos en lengua inglesa. Durante la década de 1930 fue considerado el escritor más exitoso y rico del mundo. A lo largo de 60 años escribió más de 100 historias cortas y 21 novelas, además de gran número de piezas teatrales, biografías, libros de viajes y ensayos.

Alcanzó un gran éxito popular y se hizo famoso y rico en la época de entreguerras. En su vida privada, sin embargo, no tuvo el mismo éxito.

Según sus biografías, Maugham era bisexual y yo diría con predominio homosexual, y esta tendencia le complicó la vida. Nunca salió del armario y mantuvo las formas en una época en que la homosexualidad todavía se castigaba con cárcel.

Cuando era conductor en la Primera guerra Mundial (Literary Ambulance Drivers), conoció al que sería el amor de su vida: Frederik Gerald Haxton, un joven estadounidense que fue su pareja hasta que murió en 1944; después hablaremos de él.

Ello no obstante, Maugham se casó, en 1917, con Syrie Wellcome, tras el sonado divorcio de ella, y tuvieron una hija, Liza Maugham, a la que nunca hizo mucho caso.

Pero incapaz de vivir con una mujer sin la compañía de un amante masculino, a la muerte de Haxton, le sustituyó un joven de un suburbio de Londres, de nombre Alan Searle; éste le acompaño hasta su muerte y peleó con uñas y dientes con su hija Liza Maugham por a herencia de su amante y padre respectivo.

Pero aun hay más, durante el tiempo en que estuvo casado, así como antes y después, y a pesar de tener una pareja masculina, Maugham tuvo relaciones ocasionales con otros, incluso personajes famosos como H. G. Wells, W. H. Auden, Lytton Strachey o Thomas Mann. Vamos, que aquello fue un no parar, al tiempo que escribía novelas algo moralistas como Mrs Craddok o deliciosas obras de teatro, ingeniosas y ambientadas en escenarios tradicionales con parejas hombre/mujer, con algún que otro adulterio, siempre dentro de los cánones de la primera mitad del siglo XX.

He elegido para comentar una de sus obras de teatro, primero porque nunca me he cansado de leer teatro y en segundo lugar porque uno de los personajes de la obra está inspirado en su gran amor Gerald Haxton; se trata de Our betters, conocida en España como “Gente Bien”, que fue adaptada al cine por George Cuckor en 1933.

384px-OurBettersLa “Gente Bien” en cuestión eran un grupo de privilegiados del gran mundo de Londres; las mujeres del grupo eran norteamericanas ricas que se habían casado con nobles ingleses para obtener un título, y una jovencita, hermana de una de las anteriores a la que habían convencido para que hiciera lo mismo; los personajes masculinos son: un americano muy rico que quiere parecer más inglés que los ingleses, otro americano jovencito, acabado de llegar de América y que se escandaliza de la forma de vida del gran monde, un Lord inglés que pretende la mano de la muchacha americana ingenua y rica y un gigoló que sólo pretende casarse con su amante para poder disponer directamente de su dinero.

Este gigoló, Tony Paxton, está inspirado en el amante de Maugham, Gerald Haxton. Hay que suponer que el autor también tuvo que pasar por carros y carretas para conservar a su querida pareja de pocos escrúpulos.

Tras una trama de encuentros sexuales, adulterios y claudicaciones, la pareja americana joven, da la nota moralista y se vuelve a su sano país, pletóricos de honor patrio y de censura hacia el Viejo Mundo.

Con 18 años, leí con gran entusiasmo las obras completas de Somerset Maugham: me emocioné con Servidumbre Humana y con El filo de la Navaja, como debe ser, buceé en los cortos y disfruté del exotismo de los que situó en las colonias británicas de Asia y llegué a la conclusión que no hay que esperar que la gente sea mejor de lo que es: humanos con defectos y alguna que otra virtud. Sí que me chocó el apartheid aunque se presentaba como una situación “normalizada” y pacíficamente admitida… relativamente.

En cuanto a la figura del autor, no se suele comentar más que “sí, parece que era homosexual”; sin embargo toda su obra traspira su condición y tiene unas descripciones de personajes femeninos que tienen las ideas de un Miura y que, bajo una capa de dulzura y buena educación, hay que echarles de comer a parte.

Ana F.

 

 

 

 

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