La Sociedad para el Pensamiento elevado, ¿tú también leías las aventuras de Guillermo?

Los apuros de GuillermoRichmal Crompton Lamburn (Bury, Lancashire, 1890 – Farnborough, 1969) fue una escritora inglesa, especializada en libros infantiles y narraciones de fantasmas y de terror. Sus libros de relatos “La Morada maligna” y “Bruma” han sido editados por Javier Marías en el Reino de Redonda.Entre la gente de mi generación es conocida sobre todo por ser la autora de las Aventuras de Guillermo (Travesuras de Guillermo, Guillermo hace de las suyas, Guillermo el pirata, así hasta casi 40 títulos de esta serie). Todavía existen títulos que nunca fueron traducidos al español.

La autora se graduó como Bachiller en Artes Royal Holloway College, en Londres. Formó parte del movimiento sufragista de su tiempo y dio clases de lenguas clásicas en varios colegios hasta 1923, cuando se quedó sin el uso de la pierna derecha a causa de una poliomielitis. A partir de entonces dejó la enseñanza y se dedicó a escribir. 

Guillermo es un niño de 11 años, de una familia de clase media, que vive en el campo, en un pueblo cerca de Londres, en el periodo de “entreguerras”. Su enemigo principal son las normas, representadas por casi todas las personas mayores; raramente encuentra una que sea digna de tener en cuenta y que sepa ser una buena sqaw en los juegos de indios. Entre las personas mayores se encuentra su padre, principal representante de la autoridad; su madre, tradicional ama de casa; y sus hermanos Roberto y Ethel, jóvenes enamoradizos, muy atentos a las reglas sociales y espeluznados en cuanto ven aparecer a Guillermo por el horizonte.

Richmal Crompton
Richmal Crompton

Es cierto que cuando Guillermo y sus amigos los Proscritos (Pelirrojo, Douglas y Enrique), intervienen en un asunto, las cosas resultan de la peor manera: pueden comerse todos los pasteles preparados para una fiesta vestidos con traje de Eton, hacer aparecer gatos furiosos y perros persiguiéndose por una sala repleta de gente, dar recados confundidos que provocan encuentros no deseados, encerrar en el cobertizo a eminentes científicos y, en fin, todo lo que podía salir mal, salía fatal.

Otros personajes infantiles dan el contrapunto a Guillermo y sus amigos: se les presenta como desleales, desagradables, glotones y avariciosos; las niñas, en general, suelen ser caprichosas y mimadas apuntando ya a las “damiselas” en que se convertirán<, el mejor ejemplo es Violeta Isabel Bott. Sólo se salva Juanita, la vecina de Guillermo, que le adora y es su admiradora y cómplice incondicional.

Recuerdo con deleite un episodio en que hubo cambio de conferenciantes, cuando esperaban a una especie de filósofo rimbombante en “la Sociedad para el Pensamiento elevado”; la confusión consistía en que la sesión coincidía con una fiesta de unos soldados acampados en un prado del pueblo que esperaban a un colega que hacía una imitación perfecta del susodicho pensador. Las intervenciones del público de una y otra reunión llenan de perplejidad a los conferenciantes. Naturalmente, quien los había acompañado al lugar de las intervenciones habían sido los Proscritos.

¡Y qué decir de las exposiciones que organizan! “Mujer salvaje, gorda, roncando” rezaba un cartelito delante de la cama de una vieja tía de Guillermo que hacía la siesta y que siempre decía que no podía pegar ojo ni de día ni de noche y los padres del niño le obligaban a andar de puntillas por la casa.

En este contexto, la autora desliza una crítica a la hipocresía imperante y no disimula su preferencia por los Proscritos.

Empecé a leer los Guillermos con siete años (1955) y no puedo negar que me escandalizaban un poco las hazañas del protagonista. Debía ser que, a esa edad, apuntaba para “damisela”, pronóstico que afortunadamente no se ha cumplido y tiro más bien a iconoclasta.

n50690-1Los Guillermos, cuando se disfrutan de verdad, es cuando eres adulto y te puedes meter en la piel de los niños y de las personas mayores y captar el ridículo de algunas costumbres.

En su conjunto la obra hace reflexionar, con una sonrisa, sobre los subterfugios y las hipocresías que solemos utilizar los mayores. Y, si alguien se da importancia, se puede dar por descontado que acabará haciendo el ridículo más espantoso en público; puede ser que se tenga que subir a un árbol a pasar la noche por miedo a los ruidos, cuando se las ha dado de valiente, o que acabe encaramado en un piano de cola ante una tía abuela admiradora porque aparece un ratón…

Esta manera de ver el mundo ayuda a no apreciar la rigidez de las normas y a huir despavorida de los reglamentistas.

Ana F.

 

 

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3 comentarios

  1. A mí me gustaba cuando hacían quedar mal al empalagoso “primo Percy”, que sonreía tanto que parecía tener doble cantidad de dientes que las demás personas…
    Heredé el gusto y los libros (los pocos que sobrevivieron el largo uso) de mi padre, que prácticamente los leyó en tiempo real. Luego me compré la colección entera. A destacar, las traducciones de Guillermo López Hipkis:. Los más modernos no están tan bien traducidos. Jamás me habré reído tanto como con estas maravillosas aventuras que tan bien retratan esa sociedad pueblerina y tardovictoriana inglesa….
    -¿Cómo hay que ser, niños queridos?
    – respetuosos y reposados, señora de Vere-Carter….
    ¡troncho! inolvidable…

  2. Sonrisa al recordar un fragmento en especial:
    “—¡Guillermo! ¡Ya has jugado a ese horrible juego otra vez! –
    exclamó la señora Brown, desesperada.
    Guillermo, con el traje cubierto de polvo, la corbata debajo
    de una oreja, el rostro sucio y las rodillas llenas de
    arañazos, la miró con justa indignación.
    —No es cierto. No he hecho cosa alguna que tú me hayas dicho
    que no haga. A lo que tú me dijiste que no jugara, fue a
    “Leones y domadores”.
    Bueno, pues no he jugado a “Leones y domadores”. No, desde
    que tú me dijiste que no lo hiciera, no lo “haría”… aunque
    miles de personas me lo pidieran… De ningún modo, después
    de haberme dicho tú que no lo hiciera… Yo…
    La señora Brown le interrumpió.
    —Bueno, pues, ¿a “qué” has estado jugando? –le preguntó con
    voz cansada.
    —A “Tigres y domadores”. Es un juego completamente distinto”.

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