Los taxistas y la entrega del VII Premio de Novela Negra RBA

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El jurado, personalidades públicas, el ganador y Aitana Sánchez Gijón

La noche prometía y decidí dejar otras vías de transporte para desplazarme en taxi. Así pues, tras pruebas varias de vestuario y accesorios (una no siempre encuentra el punto justo de acicalamiento para estos eventos), salí pitando de casa para alcanzar la primera luz verde que pasaba frente a mi calle.

“A la torre Agbar” pedí, (pensando en decir un lugar cercano y simplificar el destino), “¿A la torre, torre?” preguntó el chófer ya en marcha, “bueno, voy al lado a RBA, hoy es la entrega del Premio de Novela Negra”. Tras levantar la vista hacia el retrovisor para mirarme el hombre exclamó “ah, ¿es usted escritora?”, le saqué de su error: “no, soy agente literario” (está claro que muy aguda no fui porque si bien le despejé su duda inicial, eso le planteaba doscientas nuevas acerca de lo que debe ser a lo que me debo dedicar…). Le expliqué en qué consiste mi trabajo, tras la típica comparación por su parte con los representantes de jugadores de fútbol, manifestó: “Ostras, mira que la gente dice que se lo pasa bien leyendo, y a mí me gustaría, pero lo he intentado y no puedo. Creo que un día me leí un libro, pero no me gustó”. Pensé que lo había intentado poco, pero no se lo dije, tampoco osé preguntarle el título del libro en cuestión, el tipo parecía no sentirse bien consigo mismo por no gustarle leer, y añadió: “y es que dicen que leer va bien, que culturiza y eso, pero a mí no me acaba…”, terminó la frase con una simple cara de asco. Traté de consolarle: “no a todos ha de gustarnos lo mismo” (si llego a decirle que hay lecturas que más que desasnar al personal, lo “asnan”, el tipo no se hubiera reconfortado igual). Me lancé a explicarle algo que creí que le gustaría “¿Pues sabe qué? Uno de mis autores es taxista“. El hombre se quedó a cuadros, me miró por el retrovisor unos instantes. “¿En serio?”. Le hice gestos afirmativos con la cabeza, “y tiene una novela que saldrá el año que viene de rabiosa actualidad, se mete con políticos, iglesia y toda clase de estamentos, no deja títere con cabeza; creo que quizás podría gustarle, el protagonista es un taxista”. Su cara pasó de estupefacción a pasmo, era increíble, no salía de su asombro. “¿Pero…, pero…?”, mil preguntas acudían a su mente y se le apelotonaban en la garganta, el hombre acabó formulando una: “¿Es taxista y sabe poner las comas y los puntos… y eso?”. No pude evitar reírme. Estábamos llegando y solo me dio tiempo a decirle el nombre del autor, Diego Pérez, me prometió que se acordaría y que lo leería cuando saliera, nos despedimos alegremente.

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Arnaldur Indridason

Llegué, me encontré con varios amigos con los que acudíamos al evento y entramos. La fiesta fue estupenda. A pesar de no encontrarnos en el jardín del Juan Carlos I como el año anterior, la terraza de la séptima planta del edificio de RBA es un lugar precioso, con bonitas vistas de la ciudad. Además ayer estaba ambientado con música de jazz en directo, camareros y azafatas amabilísimos y sonrientes que servían deliciosas y exquisitas comidas y bebidas.

Aitana presentó tan guapa como siempre; Arneldur Indridason, el ganador, parece que hizo un discurso en favor de las lenguas minoritarias que me gustará leer, pero in situ hablaba tan bajo que no conseguimos oír sus palabras. Desfile de “Molt honorables” y otras personalidades por el escenario. Tuve oportunidad de estar junto a Pasqual, a quien admiro desde pequeña y con quien no hablé por no importunarlo pero al que daban ganas de abrazar.

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El conjunto de jazz que amenizaba la velada

Conversaciones, exquisiteces y alcoholes varios después emprendí el regreso hacia casa, montada en otro taxi. Esta vez, no había duda de dónde salía, la cuestión de la conversación volvía a ser si escribía o a qué narices me dedicaba… Pero la cosa había empezado bien y debía acabar igual, así que me encontré con un nuevo personaje singular y fantástico: un pakistaní que hablaba un catalán estupendo. Algo que me pareció muy apropiado para una noche con ganador islandés defensor de las lenguas minoritarias. Le felicité por lo bien que lo hacía, me lo agradeció pero restándose importancia me dijo: “no es para tanto, no hay nada que sea fácil o difícil, si otros lo hacen porqué no habría de poder hacerlo yo”. Chapó, me descubro el sombrero ante un hombre así.

Posted by Roser Herrera.

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