Dos fragmentos de una historia universal del año 1992 (II)

André Maurois
André Maurois

Para entender completamente esta entrada sería bueno haber leído la anterior “Dos fragmentos de una historia universal de 1992, de André Maurois (I)”.

Capítulo CXVIII

La vida de los hombres

Primera publicación terrestre                                                           1982

Hacia finales del año 1970 se establecieron relaciones amistosas entre la Tierra y los demás grandes planetas y los científicos de los diversos ámbitos tendieron a comparar sus estudios y conclusiones.

Existe un caso digno de ser estudiado con atención: el del sabio uraniano A.E.17, que publicó en el año 1959 La vida de los hombres. Se basó en varios experimentos con habitantes de la Tierra, realizados en 1954; resulta muy interesante ver a qué conclusiones llegó.

Los experimentos se realizaron después de observar con el ultratelemicroscopio las grandes manchas que constituyen los nidos de los terrícolas, casi comparables a las ciudades uranianas, que recibieron el nombre de Hombrerelas. Los uranianos se comunicaban por medio de una serie de lámparas de colores y por lo tanto, al carecer los hombres de este órgano, pensaron que no podían comunicarse entre si.

P-00009822Al principio se utilizaron rayos muy potentes y poco precisos que sólo dejaron unos grandes agujeros en forma de embudo en la superficie de la Tierra, como por ejemplo el de la Colina de Hyde Park, donde quedaron sepultados un gran número de individuos y pareció que otros de la misma especie acudían ordenadamente en su ayuda. Luego se experimentó con edificios que también sufrieron grandes daños; más tarde, las incisiones con rayos se hicieron en lugares desiertos.

Los habitantes de la Tierra encontraron la causa de estos destrozos en lo que algunos científicos denominaron seísmo vertical montiforme y, en el caso de los edificios, achacaron las culpas a los arquitectos, por usar malos materiales y a los dueños por no conservarlos adecuadamente. Por lo tanto, al cabo de poco tiempo, la noticia dejó de interesar.

Perfeccionado el sistema del rayo, se dio inicio a las teletransportaciones de personas; así, un viejo mendigo fue agarrado por una mano invisible en el momento que pedía limosna a las puertas de Notre Damme y depositado diez minutos después en el centro de Picadilly Circus, a los pies de un policía londinense estupefacto. Hubo muchos más y tan pronto se trató de una  niña de Denver (Colorado) que aparecía en una llanura rusa, como de un dentista de Zaragoza que reapareció en Estocolmo en pocos minutos.

La mejor serie de teletransportes, sin embargo, fue la de las mitades de casas unifamiliares. A medianoche se produjo el corte limpio de la casa de un joven matrimonio con cuatro hijos en Neuilly (Francia) y la de otra de las mismas características en Richmond (Inglaterra). El corte seccionó las camas de matrimonio de las parejas que, de repente, vieron como sus consortes y la mitad de sus dormitorios había cambiado por completo. Los niños de las familias estallaron en llanto por el ruido y las mujeres transportadas se hicieron cargo de ellos como lo hubieran hecho con sus propios hijos. Una vez reubicadas, ambas parejas hicieron una gran amistad hasta el fin de sus vidas. Esta serie continuó para diversión de los terrícolas y se dieron casos como el corte de casa y cama de una reina y un guardia o el de una bailarina y el presidente de los Estados Unidos.

Después, la mano invisible dejó de cortar casas y se dedicó a los científicos: aisló a doce hombres con la mejor reputación en el campo profesional y los rodeó con una valla circular invisible; cuando los sabios sintieron hambre y sed lo indicaron por señas a los curiosos que les observaban; decidieron hacer llegar víveres dejándolos caer en el techo del círculo con un avión pero los científicos, ya mayores no pudieron hacerse con ellos, ni tan sólo cuando la mano invisible les puso unos cables colgando a cinco metros del suelo.

Aspecto que podría tener un ucraniano
Aspecto que podría tener un uraniano

Nuestro uraniano A.E.17 llegó a las conclusiones siguientes:

1. Los habitantes de la Tierra tienen un instinto que les permite reconocer sus Hombrerelas y retornar a ellas;

2. La existencia de sentimientos, tal como se entienden en Urano, como amor conyugal o filial se debe rechazar rotundamente, puesto que las hembras de las casas cortadas atendieron a la prole que tenían ante ellas sin percatarse de que no eran sus hijos;

3. Tras medir sus facultades intelectuales, también se debe colegir que olvidan inmediatamente los conocimientos adquiridos ya que son incapaces de hallar los métodos más sencillos para salvar su vida cuando se les plantean problemas algo distintos que los que suele resolver por atavismo.

4. Se desconoce el origen de las sociedades humanas ni qué empuja a los hombres a trabajar desde el alba al anochecer, sobre todo en las grandes Hombreleras, almacenando productos idénticos y más numerosos de lo que exigen sus necesidades, en varios puntos poco distantes;

5. La prueba de la incapacidad intelectual de los terrestres son las luchas espantosas que se producen periódicamente entre ellos y que les obligan a volver a construir todo lo que han destruido.

Afortunadamente, A.E.17 murió antes de que comenzara la Era de las guerras planetarias, del establecimiento de relaciones entre Urano y la Tierra y del desmoronamiento de toda su obra.

Observen el hilo conductor de estos dos relatos, Fragmentos de una historia universal del año 1992 (V. comentario al primer relato en la misma web); segundo toque de atención: la incomprensión del otro cuando es diferente y la tendencia a radicalizar las opiniones cuando no se dispone de medios suficientes para explicarnos los hechos. Estoy pensando en la interpretación dada a la falta de lamparitas en los terrícolas, por ejemplo, que recuerdan el chiste de la pulga: cuando le quitas todas las patas se vuelve sorda y no salta al dar una palmada

En los años 60 me impresionó enormemente este pequeño libro que me hizo replantear la comunicación entre los terrícolas, las falsas creencias, la uniformidad de pensamiento y la relatividad de las cosas. Todo ello junto a la capacidad de manipulación de la opinión por quien detenta el poder (y digo detenta en el sentido literal de falta de legitimación) hicieron de mi bien pronto una gran escéptica.

La semana que viene una nueva lectura viejuna de la mano de:

Ana F.

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