El monstruo que robaba niños en la Barcelona de principios del siglo XX: un hecho real

_0012Confieso que en mi vida apenas he leído novela negra. No es que no me interesara, simplemente no había reparado en este género. Hay tanto por leer. Es verdad que algo de Agatha Christie había recalado fugazmente en mi mesilla de noche y algún escarceo he disfrutado con Hammett, pero nada destacable. ¿Por qué ahora reseñar una novela negra, negrísima?

Hace algún tiempo que vengo trabajando en una nueva obra, que por cosas de la vida va declinándose hacia lo policiaco. ¿Por qué? Ni idea. Uno comienza a pergeñar una historia y de repente advierte que está caminando por un terreno desconocido o tal vez poco transitado. Pero es precisamente esto lo que me atrae de la literatura: la infinitud.

A lo que vamos. Y como para escribir hay que documentarse, lo que viene a ser leer —qué bueno es que para crear tengas primero que hacer algo que te agrada tanto o más—, comencé a buscar aquellos libros de ficción y no ficción que pudieran sostenerme. Fue entonces cuando el gran librero Paco Camarasa —de Negra y Criminal— me aconsejó La mala Mujer (RBA, 2008), una obra basada en un hecho real que sacudió a la Barcelona de principios del siglo XX.

Su autor, Marc Pastor, es un criminólogo —además de escritor, obviamente— que trabaja para la policía científica de los Mossos d’Esquadra. Y tras leer la novela, no me extraña que pertenezca a este cuerpo catalán, y que, incluso, pueda resolver casos con soltura, cual Grissom hecho carne.

Pastor dibuja un ambiente sórdido de una Barcelona de principios de siglo y unos personajes que muy bien podían ser como los que retrata. Algunos autores tienden a ofrecer una visión del pasado filtrada por el tamiz de la actualidad, tal como si en cualquier época anterior las personas hubieran sido iguales que ahora pero con distinta ropa. Y no es así. Este autor muestra una sociedad asustada ante lo desconocido, supersticiosa y capaz de crímenes abyectos difíciles de emular hoy en día.

La vampira de la calle Ponent
La vampira de la calle Ponent

Pero es más que un retrato fiel de la época. Es una novela original en su formato. El narrador. Aquel que nos introduce por la trama, que nos guía por la historia, que nos descubre los detalles. La voz de la obra. Es la muerte. Nada más y nada menos que la propia muerte. Y no desvelo algo crucial, pues el mismo narrador se desnuda ante el lector desde la primera página. La Muerte con mayúsculas va desentrañando la historia, ofreciéndonos incluso sus opiniones acerca de los personajes y, más aún, convirtiéndose a veces en personaje secundario que actúa como periodista que entrevista a otros personajes, para que el lector pueda conocer mejor a la asesina.

Y digo para que pueda conocer a la asesina, porque esta no es una novela en la que descubrir quién mató a la víctima o víctimas. La señora, la vampira de la calle Ponent —desgraciadamente fue real y eso lo hace más emocionante si cabe—, aparece a las pocas páginas. Aquí lo interesante es saber cómo llega a ser lo que fue y cómo la consiguieron detener. Sabemos que será detenida pero todo el rato parece que se va a librar. ¿Cómo ocurrirá?

La novela me atrapó pronto, y eso indudablemente es buena señal. Muchos libros esperan a la página 40 ó 50 para que te enganches. Es mejor la primera página, creedme. Pastor es un buen escritor y un buen contador de historias, cosa que a veces no coincide en un mismo autor. Estupenda obra, no en vano obtuvo el Primer Premio Crímenes de Tinta.

 Por Ezequiel Teodoro.

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