“Dos fragmentos de una historia universal del año 1992”, André Maurois I

La cuestión principal, de rabiosa actualidad (expresión viejuna donde las haya), es el poder de los medios de comunicación, su capacidad de crear opinión, la posibilidad de que unos pocos influyan en los destinos de toda la población y la gran verdad de discurrir sobre la bondad de crear un enemigo común como causa/efecto para lograr la unión y, de paso, el pensamiento uniforme.

André Maurois
André Maurois

André Maurois es el seudónimo de Émile Herzog, Émile Salomon Wilhelm Herzog, novelista y ensayista, nació el 26 de julio de 1885 en Elbeuf, Normandía y murió el 9 de octubre de 1967 en París.

Aunque descendía de una familia sólidamente afincada en la industria textil, Maurois se dedicó al mundo de las letras; en esta opción fue básica la influencia del filósofo Alain (seudónimo de Émile-auguste Chartier), pacifista declarado, a quien tuvo como profesor en las clases preparatorias de literatura del Liceo Henri IV.

Muchas de las obras de este autor se desarrollan en este entorno que conoce muy bien; las grandes familias de industriales normandos; así, Le cercle de famille, Bernard Quesnay, Climats… Esta última inspirada en la experiencia personal de sus dos matrimonios: primero con Jane-Wanda de Szymkiewicz (1892-1923) y en segundo lugar con Jeanne Simone de Caillavet.

También son muy conocidas sus obras históricas y biográficas, muchas de ellas sobre Inglaterra y conocidos personajes ingleses: L’histoire d’Angleterre, D’Israeli, Don Juan ou la vie de Byron, Édouard VII et son temps y, por supuesto, las que escribió tras su participación en la I Guerra Mundial como intérprete: Les silences du colonel Bramble y Discours et Nouveux discours du Dr. O’Grady.

P-00009822Pero no son éstas, las obras archiconocidas, las de este rincón de comentario de obras poco comunes; existe un pequeño libro de relatos que he comprobado que ni siquiera consta en muchas de sus bibliografías más o menos oficiales; se trata de Dos fragmentos de una historia universal de 1992, escritos en el año 1927 y 1928, respectivamente, ilustrados por Jean Bruller y publicados en castellano en 1943 por la Editorial Nausica. Hay que resaltar la dificultad añadida de su brevedad; en páginas de medio folio de letra impresa: el primero tiene 50 páginas y el segundo 60.

La obra consta de dos relatos: Primera guerra interplanetaria y La vida de los hombres. Durante la lectura, no hay que perder nunca de vista los años en que fueron escritos: 1927 y 1928.

Copia literal de la primera página del libro:

Fragmentos de una historia universal, publicada por la Universidad de Tombuctú, en 1992.

Capíitulo XVIII

Primera Guerra Interplanetaria

Paz de Pekin. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .    1951

Crisis de los Vientos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Mayo de 1962

Incidente del Monte Ventoux . . . . . . . . . . . . . . . . Abril de 1963

Incidente de Singapour . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Mayo de 1963

Asamblea de Ginebra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Junio de 1963

Descubrimiento de Ben Tabrit . . . . . . . . . . . . . . . Noviembre de 1963

Primer experimento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .    2 de febrero de 1964

Primer ataque lunar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  6 de febrero de 1964

Desde la perspectiva del siglo LXX,  se publica este fragmento de historia que nos situa en el año 1962. El Planeta Tierra ha pasado por una serie de guerras catastróficas y en ese año se podían considerar borradas y reedificadas las huellas de la de 1947. La Tierra, aunque compuesta formalmente por estados independientes, se rige por el poder concertado de Los Dictadores de la Opinión. No es ni más ni menos que la Prensa, en manos de cinco hombres en diferentes países: un francés, un británico, un alemán, un estadounidense y un japonés. A pesar de que la denominación resulte antipática, su primer y único objetivo es evitar a cualquier precio una nueva conflagración.

En 1962, Los Dictadores se comunicaban entre si por telefotófono, que les permitía oírse y verse a todos a la vez. En todas las casas recibían radiocinematografía y se había inventado el Acumulador de vientos que, con un sencillo proceso químico, permitía almacenar la fuerza de los vientos y disponer de una energía menos costosa que la derivada del petróleo o del carbón. La energía del viento del Monte Ventoux, por ejemplo,  podría generar la misma energía que las catarátas del Niágara.

Pero este invento fue el detonador de un conflicto de intereses económicos que, con toda seguridad, conduciría a otra gran guerra. Los Dictadores de la Opinión no podían consentirlo y analizaron la situación: la población estaba aburrida, los obreros, con los cambios, intuían la desaparición de su fuente de ingresos y los dirigentes estatales eran presionados para obtener propiedades en los lugares de vientos constantes.

Lord Frank Douglas, propietario de la Prensa inglesa, convocó a los demás a una reunión e hizo este planteamiento: “no podemos consentir que los intereses particulares den lugar a otro conflicto armado; debemos unirlos contra un enemigo común”. Y él ya tenía su idea sobre la cuestión: “un ataque de seres extraplanetarios, concretamente de la Luna”. Sólo tenían que publicar en todos los periódicos los ataques sufridos por poblaciones remotas, que habrían sido totalmente destruidas por una fuerza desconocida.

Así pues, la prensa fue dando noticias periódicamente sobre la destrucción de un pequeño pueblo en el Turquestán, en Alaska o en Australia. De inmediato, los terrícolas reaccionaron con un sentimiento de unidad a ultranza contra los selenitas atacacntes y dejaron de lado la cuestión de los vientos. Resulta curioso seguir el debate que se suscitó y las opiniones de científicos y prohombres.

Con esta inflamación de ánimos de fondo no era de extrañar que algunos científicos se pusieran a pensar sobre la manera de repeler la agresión con ataques hacia la Luna; uno de ellos, Ben Tabrit, reconocido científico marroquí, lo consiguió, ideando un rayo capaz de alcanzar el objetivo y destruir la “materia” que encontrara en su radio de acción.

luna_maresEl profesor Baxley, de Oxford sostuvo la tesis de que era necesario tratar de convencer a los selenitas antes de combatirlos. Ben Tabrit le respondió: “si existen los selenitas hemos de portarnos frente a  ellos como los cazadores de antaño ante el tigre; no trataban de convencer a la fiera, la mataban o eran despedazados por ella. Y, aun así, hubiera sido más fácil crear un lenguaje común al hombre y al tigre que una filosofía común entre el hombre y los habitantes de la Luna”.

Excepto Alain de Douvray, propietario de la prensa francesa, los demás vieron en el invento del rayo la manera de prolongar el espíritu de unión entre los hombres/terrícolas. El francés, no obstante, empezó a temer la represalia de los habitantes de la Luna, quien quiera que fueran. Sus colegas le tranquilizaban en el telefotófono: los investigadores había establecido fehacientemente que no existía vida fuera de la Tierra.

Con las correspondientes ayudas y subvenciones se construyó el rayo de gran alcance y se efectuó un primer ensayo. Los telescopios facilitaron la correspondiente fotografía de la zona de la Luna antes y después de sufrir los efectos del rayo. Gran alegría en las calles, ¡qué aprendieran esos selenitas!.

Esto pasaba un 2 de febrero, el día 6 del mismo mes se produjo la destrucción total de la ciudad de Darmstadt (Alemania), el día 7 la de las ciudades de Elbeuf (Francia), Bristol (Rhode-Island) y Upsala (Suecia). Quizás sí existían los selenitas después de todo… Empezaba la Era de las guerras Planetarias…

Para otro dia la reseña del segundo de los dos Fragmentos: La vida de los hombres, situado en una época similar.

Leer este relato en los años 60, la misma época en que se situa la acción es para dejar patidifuso a cualquiera; alguno de los inventos que se citan, como la video conferencia o la web cam, ni siquiera tenían algún viso de verosimilitud.

Otro punto que llama la atención es la miopía que significa negar la posibilidad de comunicación con otros seres por su diferencia con lo conocido; intentar explicárnoslos equivale a resolver una ecuación que sólo contiene incógnitas. Primer toque sobre falta de comunicación que encontraremos también en el segundo relato.

La cuestión principal, de rabiosa actualidad (expresión viejuna donde las haya), es el poder de los medios de comunicación, su capacidad de crear opinión, la posibilidad de que unos pocos  influyan en los destinos de toda la población y la gran verdad de discurrir sobre la bondad de crear un enemigo común como causa/efecto para lograr la unión y, de paso, el pensamiento uniforme.

Ana F.

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