Lorenzo Silva: “El mayor miedo de un policía corrupto es ser descubierto por sus compañeros”

Estuvimos ayer en la Feria del Libro de Valladolid y tuvimos la oportunidad de asistir a la charla entre el periodista Tomás Hoyas y Lorenzo Silva, el último ganador del Premio Planeta por su novela La marca del meridiano.

Tomas Hoyas y Lorenzo Silva
Tomas Hoyas y Lorenzo Silva

Decía Hoyas al presentar el acto que le imponía estar ante un escritor con más de 20 novelas en su haber, alguien que según sus palabras “escribe como quien mea”.

Silva explicó que La marca del meridiano es su novela menos improvisada; ocho años antes había empezado a pensar en ella, por lo que ya había sembrado indicios y utilizado alguno de sus personajes en otras obras. Su objetivo al escribirla era reflexionar sobre las posibilidades de caer en la tentación y corromperse del ser humano. La dificultad que ha de suponer para alguien que tiene una necesidad o que ve en riesgo a algún ser querido, si se le pone la solución en bandeja a cambio de algo que está al alcance de su mano. El conocimiento necesario sobre el funcionamiento de los servicios internos de los cuerpos de policía es lo que le había llevado más tiempo de documentación para escribir la novela.

Lorenzo Silva firmando "La marca del meridiano"
Lorenzo Silva firmando “La marca del meridiano”

Durante su investigación se dio cuenta de que el mayor temor de un policía corrupto es ser descubierto por sus propios compañeros: sabe que en cuanto le descubran lo pondrán en manos de la justicia inmediatamente. Algo que a priori desconocía y que relacionó con la última encuesta del CIS,  la guardia civil es una de las instituciones mejor valoradas por la población.

Contaba Hoyas que Silva había sido el culpable de que hubiera pasado toda una noche sin dormir hacía pocos años: no había podido abandonar El alquimista impaciente hasta terminarlo.  El escritor reveló su secreto: al escribir una de sus prioridades es que el resultado no cueste de leer, cree que ésta es una de las obligaciones del contador de historias. La primera versión de cualquier capítulo nunca es la final. Al releer lo escrito jamás está bien. No funciona. Hay que localizar los escollos y solucionarlos. Sólo releyendo es cuando el escritor puede ver donde el lector tropezará y corregirlo.

Preguntado por lo prolífero de su producción Silva confesó su secreto: le encanta su trabajo. Y asimismo añadió que cree que la felicidad de una persona pasa por dedicarse a una actividad provechosa para él y para los demás, aunque lamentablemente en este país parece que siempre se conciba el trabajo como una obligación a soportar entre momentos de ocio.

Para los fans de Bevilacqua: han de saber que es de los pocos personajes de ficción de obras del género que tiene edad. Envejece un poco en cada nueva novela, lo que conlleva algo obvio pero a tener en cuenta: tiene fecha de caducidad. Algún día no tendrá más remedio que retirarse. Aunque bromeaba Silva acerca de la cuestión diciendo que con los cambios de normativa actuales, quizás no podría jubilarse y acabaría persiguiendo malhechores con el andador…

Los escritores Lorenzo Silva y Ezequiel Teodoro al final del acto
Los escritores Lorenzo Silva y Ezequiel Teodoro al final del acto

De Chamorro es de quien saben los lectores menos cosas: explicaba Silva que era normal dado que el protagonista de sus novelas es Bevilacqua y están narradas en primera persona, además de que siempre centraba sus historias en el trabajo de los personajes y no en sus vidas personales. Pero avanzó algo relacionado con la sargento: en alguna de las próximas entregas quizás adquiera mayor protagonismo.

Preguntado por sus influencias, Silva fue claro y contundente: Raymon Chandler sin lugar a dudas. Con él descubrió que podía escribirse novela de este género y al mismo tiempo hacer literatura.

También tuvo tiempo para explicar algo sobre los premios que ha recibido durante su carrera: quedó finalista del Premio Nadal con La flaqueza del bolxevique, cuando más de una decena de editoriales habían rehusado publicarla, y cuando volvió a presentarse con El alquimista impaciente ganó. No se presentó al Planeta hasta que se sintió preparado: con una obra muy trabajada y apta para todos los lectores. Y atención, un dato interesante para todos los escritores que a veces están tentados a dejarse llevar por el desaliento: de los 33 años que lleva Silva escribiendo, pasó los primeros 17 sin ganar ni un duro de la escritura…

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